Francisco Toro Iglesias, Paco Toro en el mundo del arte, nació el 11 de febrero de 1939 en la calle Consistorio, en una vivienda del piso superior de la capilla del Señor de la Puerta Real. Hijo del también pintor Fernando Toro Ramírez, uno de los autores jerezanos que más influyó en las generaciones posteriores, se sintió interesado desde pequeño por la creación artística, llegando a ser con su esfuerzo, su dedicación y su trabajo diario, un gran exponente internacional del estudio y definición plástica del caballo cartujano, seña de identidad tradicional de nuestra ciudad.
Gran discípulo de su padre, la primera etapa de su vida transcurrió en los grises años de la postguerra, yendo y viniendo al taller familiar, limpiando pinceles, comprando pinturas en Quirós, haciendo recados, o volando los panderos que él mismo confeccionaba, con la ilusión de flotar en el aire. Entre sus prioridades los estudios no ocupaban lugares preferentes. Al contrario, dedicaba su tiempo a pintar barcos humeantes, luego temas de caza, toros, paisajes y cómo no, el caballo.
Tras una etapa en Madrid, donde pintó en el Círculo de Bellas Artes y recibió lecciones del gran pintor Vázquez Díaz, contrajo matrimonio con la también jerezana Carmen Perea. La pareja se estableció durante ocho años en Barcelona, donde nacieron sus cinco hijos. Allí Paco Toro compartió experiencias creativas con otros pintores, sobre todo con Luis Roura Juanola. Trabajó con una galería alemana, que llevó sus pinturas a Estados Unidos, así como con otras galerías catalanas. Sus obras se expusieron en la primera Bienal del Deporte de Barcelona, una muestra que recorrió diversas capitales europeas.
De vuelta en Jerez, Paco Toro se reencontró con sus raíces y comenzó una nueva etapa pictórica, influenciada por temas costumbristas. En esa época expuso en dos ocasiones en Madrid, en el Centro Cultural de Rumasa y también en México y en Jerez.
En aquella ocasión la galería F. Daza acogió una colección sobre la Romería del Rocío. El estudio del caballo, una constante en su pintura, no fue hasta 1987 el tema por excelencia en la plástica de Paco Toro. Con motivo de la inauguración oficial de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, el autor presentó su exposición ?Monografía del caballo?, inaugurada por los Reyes, Don Juan Carlos y Doña Sofía. Se trataba de una colección de 42 obras de gran formato en papel, tintas y acrílicos, a través de las cuales Paco Toro mostró su evolución y una nueva forma de crear. Este hito en su trayectoria no sólo le reportó buenas críticas, sino la oportunidad de ser recibido por la Reina de España en la Zarzuela.
Un año después, con un proyecto novedoso junto al compositor y pianista Felipe Campuzano, el pintor volvió a sorprender gratamente a personas como Don Juan de Borbón, los duques de Badajoz o los Barones de Von Thyssen, que asistieron al acto en la galería de Enrique Moreno de Palma de Mallorca. También en esta época sus obras recorrieron Alemania, situándose en grandes muestras como la Semana del Caballo Barroco de Arolsen o la Feria Hipológica de Fráncfort.
Siguiendo con el recorrido por las exposiciones más destacadas de la obra de Paco Toro, hay que reseñar también la que el pintor tuvo oportunidad de presentar en la Expo 92, la colección ?Los 14 caballos andaluces en el descubrimiento de América?, que se mostró en el Pabellón de Rank Xerox. Esta colección pudo verse después en Marbella, en la Galería Atenea?s de Madrid, en Kansas y en Hong Kong.
Las obras de Paco Toro están repartidas por los cinco continentes en colecciones públicas y privadas de París, Tokio, Nueva York, San Francisco, Atlanta, Caracas, California, Santa Fe, Hamburgo, Arolsen, Berlín, Fráncfort, Luxemburgo, Nimes, Barcelona, Madrid, Valencia, Sevilla, Zaragoza, varias ciudades iberoamericanas más y, por supuesto, Jerez.
Tiene en su haber además haber realizado cientos de viajes que han enriquecido al artista y a la persona; la autoría de numerosos carteles anunciadores, entre ellos uno de la Feria del Caballo y en 2008 firmó el cartel de Semana Santa; cesiones de sus obras a beneficio de causas como los damnificados de la guerra de Bosnia; o la creación del grupo de artistas Azul y Blanco, integrado por jóvenes creadores con fines profesionales.
En reconocimiento a su prolífica tarea artística, que se ha caracterizado además por una especial atención a uno de los elementos fundamentales de la idiosincrasia jerezana como es el caballo.